Al estudiante
Alguna vez estos muros tenían entre ellos
las aguas del mar y quién las navegara.
Tenían entre ellos las sombras del Hombre
y sus más brillantes luces.
Alguna vez venían aquí los sueños del mundo,
cargados en hombros que aún dormían.
Los sueños del mundo, sus ilusiones,
aquí no nacían: florecían.
Habitaban aquí, mas ya no
los más insabios e iletrados,
por la ignorancia tan amados.
Había, entonces, apasionados corazones,
mas ya no: ya nadie sabe
que nada sabe.