De Sophia

Leopoldo Marechal


Entre los bailarines y su danza

La vi cruzar, a mediodía, el huerto,

Sola como la voz en el desierto,

Pura como la recta de una lanza.

Su idioma era una flor en la balanza:

Justo en la cifra, en el regalo cierto:

Y su hermosura un territorio abierto

A la segura bienaventuranza.

Nadie la vió llegar: entre violines

Festejaban obscuros bailarines

La navidad del fuego y del retoño.

¡Ay, sólo yo la he visto a mediodía!

Desnuda estaba y al pasar decía:

“Mi señor tiene su prado sin otoño”.


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