Entre los bailarines y su danza
La vi cruzar, a mediodía, el huerto,
Sola como la voz en el desierto,
Pura como la recta de una lanza.
Su idioma era una flor en la balanza:
Justo en la cifra, en el regalo cierto:
Y su hermosura un territorio abierto
A la segura bienaventuranza.
Nadie la vió llegar: entre violines
Festejaban obscuros bailarines
La navidad del fuego y del retoño.
¡Ay, sólo yo la he visto a mediodía!
Desnuda estaba y al pasar decía:
“Mi señor tiene su prado sin otoño”.