Al licenciado Juan de Grial

Fray Luis de León


Recoge ya en el seno

el campo su hermosura, el cielo aoja

con luz triste el ameno

verdor, y hoja a hoja

las cimas de los árboles despoja.

Ya Febo inclina el paso

al resplandor egeo; ya del día

las horas corta escaso;

ya Éolo al mediodía,

soplando espesas nubes nos envía;

ya el ave vengadora

del Íbico navega los nublados

y con voz ronca llora,

y, el yugo al cuello atados,

los bueyes van rompiendo los sembrados.

El tiempo nos convida

a los estudios nobles, y la fama,

Grial, a la subida

del sacro monte llama,

do no podrá subir la postrer llama;

alarga el bien guiado

paso y la cuesta vence y solo gana

la cumbre del collado

y, do más pura mana

la fuente, satisfaz tu ardiente gana;

no cures si el perdido

error admira el oro y va sediento

en pos de un bien fingido,

que no ansí vuela el viento,

cuanto es fugaz y vano aquel contento;

escribe lo que Febo

te dicta favorable, que lo antiguo

iguala y pasa el nuevo

estilo; y, caro amigo,

no esperes que podré atener contigo,

que yo, de un torbellino

traidor acometido y derrocado

del medio del camino

al hondo, el plectro amado

y del vuelo las alas he quebrado.


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